Dicho día, durante un programa de Raw, el reloj llegaba a la cuenta de cero y Jericho aparecía sobre el escenario, interrumpiendo una promo que The Rock estaba cortando sobre el ring. Ambos hombres se metieron en una pelea verbal y fue también en ese momento cuando Jericho se autoproclamó "Y2J", apodo que todavía a día de hoy le sigue acompañando.
Querido y odiado a partes iguales a lo largo de los años, Jericho siempre consiguió encandilar al público en todo lo que hacía. Era el perfecto luchador: no sólo sabía ejecutar maniobras y moverse sobre el ring como nadie, sino que también utilizaba el micrófono como herramienta para llegar a los aficionados - y lo hacía de la manera más increíble.
Y aunque ahora ya no podamos disfrutar de sus combates con tanta asiduidad como en el pasado, podemos decir bien alto que Jericho es un futuro WWE Hall of Famer. Por esos 15 años y todos los que aún le quedan por ofrecer... ¡Felicidades Y2J!